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La ALQUIMIA     

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            Es el origen de la Química. Los alquimistas surgieron en la Edad Media y, aunque hubo mucho de charlatanería y muchos charlatanes, lo cierto es que basaban sus trabajos en la experimentación. Pero tenían curiosas teorías. Ellos creían que las propiedades metálicas de una substancia se conseguían agregándole mercurio y que la combustibilidad de una materia dependía del azufre. Además, pensaban que todas las substancias eran susceptibles de ser transformadas, según variaran la cantidad de sus componentes. Por cierto, soñaban con fabricar oro algo que, por cierto, nunca consiguieron. Pero con sus experimentos lograron obtener materiales que fueron mucho más trascendentes para las ciencias y para el progreso.

            Los alquimistas fueron los que descubrieron los ácidos nítrico, clorhídrico y sulfúrico, cuya importancia es tal en nuestro siglo XX, que su consumo anual sirve como medida del desarrollo económico de un país.

            Resulta curioso consignar que antes y durante el siglo XVII, algunos célebres hombres de ciencia fueron alquimistas. Un caso de gran relieve es el de Isaac Newton. Considerado como fundador de la Ciencia Moderna, Newton, el autor de la Ley de la Gravitación Universal, dedicó muchos años de su vida a la alquimia: No creía que el oro fuera un elemento y especulaba con la posibilidad de elaborarlo a partir de otras substancias. Otra curiosidad relativa a la vida de Sir Isaac Newton: en 1696, renunció a su cátedra en la Universidad de Cambridge al ser nombrado Inspector de la Casa de Moneda, función que consistía en perseguir y hacer encarcelar a los falsificadores de moneda. Desempeñó esta tarea con gran eficacia y energía enviando a la cárcel a más de una veintena de falsificadores. Tres años más tarde, fue nombrado Director de esa institución, cargo que desempeñó durante 28 años, hasta su muerte.

            Cuando la alquimia se había convertido en una nueva ciencia - la Química - Boyle, otro ilustre del siglo XVII, autor del libro El químico escéptico, publicado en 1661, no dejó de creer en ciertos puntos propios del alquimismo, pese a que en su libro estableció un criterio moderno para definir los elementos. Pero, todavía, debían transcurrir bastantes años para determinar qué substancias eran susceptibles de descomponerse y cuáles no.

            Cavendish, por entonces, demostró que el agua nacía de la combinación del oxígeno con el hidrógeno y, así, probó otro error de Aristóteles, quien consideraba el agua como uno de los cuatro elementos fundamentales del Universo. Lavoissier había establecido su Tabla de 33 elementos, cuando el inglés Davy descompuso la cal - calificado elemento por Lavoissier - y obtuvo calcio, otro elemento; lo mismo hizo con el magnesio. Davy demostró que el gas verde que emitía el ácido clorhídri- co no era un compuesto de éste más oxígeno, sino que era otro elemento, al que llamó cloro.

            Posiblemente, los alquimistas tuvieron un fundamento para sus prácticas. El griego Demócrito que, 250 años a.C., denominó átomo al punto en el cual la materia ya no admitía más divisiones

            Demócrito, por esos años, afirmó:"La materia está compuesta de átomos o combinaciones de átomos, y una substancia puede convertirse en otra, si se ordenan sus átomos en forma distinta."