Portada

ALGO SOBRE EL MAR

Otros textos

A buen seguro que la mayor parte de su tiempo el hombre lo ocupa en procurarse su subsistencia y, pasada su época de estudios, no haya tenido la oportunidad para conocer todas las dependencias a que estamos sujetos, día a día, año tras año, es decir, durante toda nuestra vida. Siguiendo este razonamiento, puede conjeturarse que una parte importante de las sociedades acepten ciertas apariencias engañosas como realidades y que solo los estudiosos del mundo físico hayan desentrañado parte de ellas. Un ejemplo sencillo. No todo el mundo sabe que la mayoría de los animales son herbívoros - lo que es una suerte -, porque en la tierra solo crece el 10% de las plantas verdes y el alimento de los animales herbívoros- pastos, hojas de árboles, semillas y frutos -, se renuevan cada año y los herbívoros, a su vez, son el alimento de los carnívoros. Comer carne es, prácticamente, un lujo, porque los herbívoros necesitan de mucho tiempo para crecer y ser aptos para alimentar a un carnívoro, mientras que el alimento de los herbívoros se renueva cada año; así sucede con los árboles que dan hojas y frutos todos los años, lo mismo que las semillas que dan cosechas anuales y, por fin, el pasto con las lluvias crece constantemente. Y todo esto viene a cuento para decir que es posible que muchas personas ignoren que el mayor almacén de las plantas verdes - el 90% - son los océanos, con las algas marinas y células microscópicas que forman el llamado plancton, alimento que se halla en las capas superficiales de los mares y del que se alimentan animales tan enormes como las ballenas. Las diversas formas de vida, además, dependen del oxígeno y del agua. El agua está formada por dos átomos de hidrógeno, el elemento más abundante del universo, y de un átomo de oxígeno, el elemento más abundante en la corteza terrestre,(se respire por pulmones o por branquias); ambos elementos forman una molécula bipolar, con una ligera carga positiva en el extremo del hidrógeno y una ligera carga negativa en la del oxígeno; estas cargas se atraen y forman el agua, y es la atracción de enlace del hidrógeno, molécula a molécula, lo que mantiene la unión del líquido, algo parecido a nuestra piel que mantiene unidos todos los elementos de nuestro cuerpo. Una característica del agua, gracias al enlace del hidrógeno, es que su capacidad calorífica sea; otra característica singular del agua es su relación temperatura-densidad. En general los líquidos ganan en densidad cuando se enfrían, pero con el agua dulce esto sucede solo hasta los 4º, ya que a más baja temperatura, esta condición se invierte y la mencionada acción de enlace del hidrógeno lleva a la creación de cristales hexaédricos que ocupan más espacio que las moléculas de agua líquida, y, por esta razón esta agua, al revés que la mayoría de los líquidos, se congela de arriba a abajo, fenómeno que no se presenta en los mares, porque, aunque se congela como el agua dulce, las sales se condensan abajo y arriba se forman cristales de agua dulce. A su vez, este comportamiento de las sales hace más denso el líquido, que se hunde para ser reemplazado por aguas que suben de una mayor profundidad. También, hoy se sabe que la relación temperatura-densidad-salinidad es la que produce las corrientes en los océanos. El agua más fría - más densa y salada - se desplaza a ras de fondo desde el Antártico hacia el norte y, otra menos densa que, por ello, está en un nivel superior, fluye hacia el norte; además, entre ambas corrientes, otra, antípoda se dirige desde el Ártico al Sur. En estos movimientos de las aguas, desde luego, interviene un factor lejano que, no obstante, influye grandemente: el Sol. Si embargo, el sol influye desigualmente en las zonas de nuestro planeta, calienta más en el Ecuador, lo que provoca cambios en el aire, generando vientos que producen otras corrientes de los mares. Estas corrientes son la Ecuatorial, la del Golfo, el Kurishivo, la Circumpolar Antártica, y otras. En todas estas corrientes actúa el llamado "efecto Coriolis", que se origina por el movimiento de la Tierra y se traduce en que desvía las corrientes hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el hemisferio sur.

Por otra parte, el viento produce un movimiento vertical de las aguas marinas y arrastra el agua de la superficie mar adentro, lo que da lugar a un lento afloramiento de aguas profundas que arrastran los nutrientes que se habían hundido en la obscuridad y al recibir estos nutrientes los efectos solares producen el crecimiento del fitoplancton que, a su vez, es el alimento de los animales del mar. Finalmente, una afirmación de los científicos que puede resultar, al menos, curiosa al profano: los océanos contienen una increíble cantidad de todos los elementos conocidos - desde luego, de ellos se extraen millones de toneladas de algas y, por procedimientos industriales, miles de toneladas de magnesio, bromo y yodo y se cree que existen en sus aguas miles de millones de toneladas de uranio, cientos de millones de toneladas de plata, 4 millones de toneladas de oro, y, por cierto, 40 millones de toneladas de sal por kilómetro cúbico.

Fernando de Magallanes, es un navegante portugués asociado al mar de varias maneras. Fue el primero en dar la vuelta al mundo, descubriendo el estrecho que lleva su nombre al extremo de Sudamérica y, al cruzarlo, alcanzó a un nuevo océano al que llamó Pacífico; también su nombre está unido al pingüino Magallanes y a las nubes de Magallanes.

Ya adentrado en el Pacífico fue el primero en realizar un sondeo y como la plomada se hundió toda la cuerda que tenía, afirmó que el Pacífico tenía más de 180 metros de profundidad. En 1872, otra expedición, posterior a la del Beagle, que llevó a Darwin - la del Challenger -, era comandada por Thomson, quién afirmó que la vida era imposible a una profundidad superior a los 500 metros. Pero, en 1948, el suizo Augusto Picard construyó el primer batiscafo y con el perfeccionado Trieste logró alcanzar una profundidad de casi 11.000 metros en la fosa de las Mariana y comprobó que sí había vida en esas profundidades.