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El tiempo

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El día y la noche regulan nuestra actividad diaria, diferenciando básicamente el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso. De igual modo reguló la actividad del hombre cazador que tenía que procurarse la caza mien­tras había luz natural y descansar durante la oscuridad.

Al período de luz que comprende desde que el Sol se levanta hasta que se pone se le denomina día natural y al de la oscuridad, noche. Pero al conjunto del día y de la noche natural también se le denomina día, que es el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta com­pleta sobre sí misma exponiendo paula­tinamente una parte a los rayos solares ­dando lugar al día natural-, y ocultándolos también paulatinamente en la parte opuesta -provocando la noche natural.

Las consecuencias del movimiento de rotación de la Tierra se puede apreciar en el movimiento aparente del Sol por el interior de la cúpula celeste. Pero cualquier observador situado sobre la super­ficie terrestre podrá comprobar, además, que el arco que describe el Sol no tiene siempre la misma altura y que, consecuentemente, el día y la noche no tienen siempre la misma duración. Al arco de mayor altura corresponde un ángulo mayor de incidencia de los rayos solares, un recorrido más amplio del Sol

Y los días más largos. A la inversa, el recorrido más corto del Sol responde a un ángulo de incidencia solar menor, a la altura menor del arco, y a los días más cortos.

Al mismo tiempo, el observador puede darse cuenta de que su sombra varía en longitud y en posición según sea la inclinación de los rayos solares. En efecto, la longitud varía según la estación del año y el momento del día: la sombra más corta es la del mediodía del 21 de junio en cualquier latitud, llegando a ser nula en el Ecuador, porque el Sol está en su punto más alto y los rayos solares inci­den en la superficie de la Tierra con su máxima verticalidad. En cambio, la som­bra más alargada, en cualquier lugar, se produce a la salida y puesta del sol.

En cuanto a la posición de la sombra, ésta se mueve al mismo tiempo que el Sol en su movimiento aparente, pero en sentido inverso, es decir, de oeste a este, de izquierda a derecha, en el hemisferio norte.

Todas estas observaciones se pueden hacer en cualquier lugar de la Tierra, en cualquier latitud, y su explicación requiere que tengamos en cuenta el doble movimiento de rotación y de traslación de la tierra junto con la inclina­ción de su eje, causas todas ellas de las estaciones del año. Para entender cómo se producen y suceden las estaciones, hay que hacer un esfuerzo por visualizar las relaciones entre la Tierra y el Sol.

Con la ayuda de un dibujo, intentemos imaginar el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol describiendo una trayectoria en el plano de la eclíptica y, al mismo tiempo, moviéndose sobre sí misma alrededor de un eje incli­nado. En la trayectoria alrededor del Sol, mientras gira sobre sí misma, la Tie­rra irá pasando por diversas situaciones respecto al Sol.

Así se encontrará una vez en su recorrido con su hemisferio norte inclinado hacia el Sol recibiendo los rayos solares con su máximo ángulo de incidencia, mientras su hemisferio sur se encuentra en la posición contraria; y, otra vez, con el hemisferio sur inclinado hacia el Sol, mientras el hemisferio norte aparece en la oscuridad. Estas dos situaciones, semejantes pero contrarias, responden a los solsticios de verano y de invierno que tienen lugar el 21 de junio y el 22 de diciembre respectivamente. El primero es el día más largo en cualquier parte del hemisferio norte y el segundo es el día más corto.