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Cambiante geografía.

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En el año 1823 el geógrafo inglés Sabine descubrió la pequeña isla que lleva su nombre en la costa oriental de Groenlandia, y determinó su posición geográfica. Se repitió en 1869 esta medición y se encontró que la isla estaba 420 metros más al Occidente de lo que había indicado Sabine. Esta desviación rebasaba los límites de errores corrientes, y se tomó nota con sorpresa, pero cuando, en 1906, el gobierno danés volvió a enviar su expedición periódica a Groenlandia, el joven Alfred Wegener comprobó que la isla estaba unos 1.190 metros más al Oeste de lo que se había encontrado 37 años antes. Ahora estaba claro: no eran los geógrafos los que cometían el error, sino que la culpable era la isla. La isla de Sabine se desplazaba hacia Occidente.


Entonces, Alfred Wegener comprobó las posiciones de las restantes masas continentales árticas y encontró que todas se desplazaban hacia el Oeste, si bien con distintas velocidades: Groenlandia recorre anualmente 6 metros; América se aleja de Europa; la distancia Cherburgo-Nueva York aumenta 1 milímetro cada día. Los soldados americanos que vinieron a Europa durante la segunda guerra mundial tuvieron que recorrer 10 metros más que sus padres 25 años antes. Los arquitectos egipcios se quedarían asombrados al comprobar dónde está hoy día su pirámide de Cheops: ha retrocedido 4 kilómetros hacia el Sur. Si Ulises buscase hoy día los lugares de su odisea, se esforzaría en vano por encontrar a Caribdis; las Columnas de Hércules están separadas por una distancia tres veces mayor, y el remolino de Gibraltar se ha calmado hasta reducirse a una corriente. También el Estrecho de Mesina se ha ensanchado desde los 2,2 kilómetros que tenía en la Antigüedad, hasta los 3,3 kilómetros. Roma se desplaza hacia el Ecuador, Australia huye hacia el Este, el archipiélago de la Polinesia se dispersa.


En la ciencia hay dos cosas fundamentales: el descubrimiento de los hechos y su explicación. La rana vive la primera mitad de su existencia en el agua en forma de renacuajo; esto es un hecho. "Lo hace porque sus antepasados eran animales acuáticos"; este es un hecho que intenta explicar, una teoría. La variación de las posiciones geográficas es un hecho. Wegener ha tratado de explicarlo por medio de la teoría de los continentes a la deriva. Ésta no ha sido concebida por él, sino que, probablemente sin que él mismo lo supiese, había sido citada ya tres veces antes y precisamente por precursores, que puede nombrar con orgullo y confianza, en el siglo XVII, en Inglaterra, por Bacon; en Francia, también en el XVIII, Buffon, el inteligente y polifacético padre de la zoología moderna, y en el XIX, en América, Pickering, quien descubrió e interpretó correctamente las desviaciones de las líneas en los espectros de las estrellas.


Pero se atribuye a Wegener la creación de la teoría, pues en la ciencia no se considera, con razón, como descubridor a quien cita por primera vez un hecho, sino a quien reconoce su importancia y lo sitúa en el sitio debido en la historia mediante una elaboración concienzuda. Por eso, sólo se considera a Lucrecio, Goethe, Herder y Lamarck como precursores de la teoría de la evolución, y a Darwin como su crea-dor; a James Watt como el inventor de la máquina de vapor; a Colón como el descubridor de América, y a Einstein como el creador de la teoría de la relatividad. Desgraciadamente, Wegener, que era un investigador entusiasta del Ártico, murió de hambre en una expedición ulterior, cuando atravesaba en esquíes el inmenso desierto de hielo de Groenlandia. Se le encontró junto a sus esquíes clavados en el suelo como un monumento fúnebre, tendido sin vida sobre un catafalco levantado con nieve por él mismo. Una gran desgracia no sólo para él, sino también para toda la ciencia y sobre todo para el hijo huérfano que dejaba: la teoría de los continentes a la deriva, que no ha encontrado otro propulsor de tales dotes y fuerza creadora.