Portada

Herencia cultural

Otros textos

 

Una araña teje una tela de diseño intrincado. Sólo la guía el instinto. Su material genético transmite una información que se traduce automáticamente en el diseño de su tela. La cadena de acontecimientos por los cuales se realiza esta traducción puede ser tan larga y compleja como para que sólo podamos comprender algunas pequeñas porciones de ella. Pero, lo que sí sabemos es que la araña no puede aprender a tejer una tela con nuevo diseño, ni tampoco, aunque pudiese, enseñárselo a sus hijos. Por supuesto que en el curso de la evolución aparecen nuevos diseños de telarañas y son transmitidos a las generaciones sucesivas. Pero su evolución y su transmisión se realizan por medio de la herencia biológica y no a través de la herencia cultural.


La herencia cultural depende de la efectiva comunicación entre los individuos contemporáneos y entre las generaciones futuras. Solamente la especie humana ha evolucionado hasta llegar a una etapa en que esto es posible. La importancia de tal hecho puede apreciarse imaginando lo que ocurriría si la cadena de comunicación entre una generación y la siguiente quedase totalmente trunca. Supongamos que existiese una pequeña muestra de la especie humana completamente aislada en una isla tropical, donde el alimento y el abrigo no constituyesen problema alguno, y donde todos los niños fuesen criados sin comunicación con sus progenitores o con persona alguna, salvo los miembros de su propio grupo, sometidos, de igual manera, al aislamiento cultural. No habría palabras, ni habladas ni escritas, ni cantos ni cosas que copiar o que aprender, hechas por el hombre. Habría un retorno a las etapas más
primitivas del salvajismo. Lentamente reaparecería una nueva cultura, pero llevaría miles, quizás millones de años alcanzar un estado comparable al que poseemos en la actualidad.


Cotejemos esto con el caso de la araña. Sus hijos no necesitan jamás verla ni oírla para poder tejer telas de un diseño exactamente igual al suyo. No se logró nunca una herencia cultural significativa antes de la aparición del ser humano sobre la Tierra. La herencia cultural es, en gran medida, la que ha promovido el sorprendente dominio que el hombre posee de su propio ambiente. Él mueve montañas, cambia el curso de los ríos y controla las temperaturas para satisfacer sus necesidades y placeres. No sólo ejercita el hombre un alto grado de control sobre su propio ambiente físico sino que ha aprendido a actuar sobre la evolución biológica de otras especies. Esto lo hace regular y sistemáticamente por medio de la fitotecnia y zootecnia modernas. En cierto modo, también la hormiga ha domesticado al afidio, cuya evolución modifica, indudablemente. Pero realiza esto tan sólo por instinto ciego y no en razón
de un esfuerzo consciente por continuar con un programa de adelanto cultural.