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Los romanos del Imperio

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Normalmente, los romanos tomaban una comida al día. La cena (coena) podía prolongarse desde las 15 horas hasta la medianoche. Algunos desayunaban (ientaculum) un trozo de pan y otro de queso; otros no probaban bocado. Pero a los escolares se les daba algo sustancioso.
El almuerzo (prandium) era comida ligera, consistente en carne o pescado, frutas y vino, que comían de pie. Las clases altas solían efectuar algunos ejercicios a primeras horas de la tarde, y se daban un baño antes de disfrutar de la comida fuerte del día.


El comedor (triclinium) llamaba así por sus tres divanes, cada uno con capacidad para tres personas, que se: colocaban alrededor de una mesa cuadrada. (Durante el Imperio se puso de moda el uso de un solo diván semicircular y la utilización de mesas redondas.)
Los romanos eran buenos comensales y la mesa del comedor era el mueble más importante. Las mesas de la gente adinerada se fabricaban con maderas de limón o de arce, decoradas con incrustaciones de marfil. El romano comía apoyando el codo izquierdo en la mesa; utilizaba su mano izquierda para sostener el plato y cogía los alimentos con la mano derecha. Se colocaban cojines para apoyar la espalda. El invitado de mayor importancia se sentaba junto al anfitrión. Normalmente, los romanos dictaban o escribían su correspondencia durante las comidas; por eso, el asiento del dueño de casa, era el más amplio y con espacio suficiente para que pudiera recibir mensajes y atender sus asuntos de negocios.


El arte culinario se apreciaba mucho en Roma. El cocinero era el esclavo de mayor valor de la .servidumbre; casi costaba tanto como un caballo. Los esclavos que servían en la mesa tenían una jerarquía propia; el esclavo más importante supervisaba todo el servicio; normalmente cortaba las carnes. Los esclavos que servían vinos o cortaban los alimentos eran elegidos por su habilidad y buena presencia. Generalmente usaban vestidos brillantes y llevaban el cabello largo. rizado en bucles; pero los que realizaban tareas menores vestían con sencillez y llevaban la cabeza afeitada. Antes y después de las comidas, los esclavos presentaban fuentes con agua para que los invitados se lavaran las manos, lo que no constituía un refinamiento. dado que los comensales cogían los alimentos con las manos. El único utensilio que utilizaban era la cuchara. Cada invitado traía su propio esclavo a la fiesta y. a menudo. su servilleta; en ella se llevaba los restos de comida para sus propios esclavos domésticos.


La cena se dividía en tres parles: los entremeses, por ejemplo; huevos con vegetales variados; el plato fuerte, una fuente de carne y pescados, con salsas preparadas y vino para beber (los invitados seleccionaban de todo un poco), y terminaban con frutas y postres dulces. A veces los invitados no recibían el mismo trato por parte del anfitrión. A un conocido reciente le ofrecían comidas inferiores y lugares de menor preferencia en la mesa, mientras que al invitado importante le atendían con suntuosas comidas y lo rodeaban de toda clase de distinciones.


La mayoría de los romanos sólo podía servir en su mesa una simple dieta de pan y sopa con nabos, aceitunas, judías, queso, y como lujo extraordinario, cerdo. Solo quienes vivían cerca del mar o junto a los ríos podían comer pescado; de otro modo resultaba de un precio excesivo. En cambio, por contraste, las fiestas de la gente adinerada eran casi orgías de glotonería, borracheras y disipación, lo cual motivó muchas críticas satíricas, como las de Séneca, .Se aprobaron leyes, sin éxito con el propósito de restringir el número de invitados y los gastos de las fiestas. La única bebida alcohólica era el vino y los romanos lo mezclaban con agua caliente o fría; solo se servía vino puro en los momentos en que habían bebido mucho. Después de las comidas se repartían guirnaldas a los invitados, antes de beber y ofrecer los brindis. Los primeros romanos creían que el olor de ciertas hierbas podía disipar los efectos del alcohol; por eso, más tarde, acostumbraban a mojarse el rostro con perfumes y, a veces, lo mezclaban con el vino y lo bebían.


Los romanos gustaban de tener muchos entretenimientos para ayudar a pasar las largas horas dedicadas a las comidas. En las casas de gente culta se leía en voz alta (en muchas casas disponían por lo menos de un esclavo "lector" entre la servidumbre);
también se recitaban poemas humorísticos o se hacia oír música. Otros tenían bufones. bailarinas, probablemente traídas de Cádiz o de Siria, acróbatas, juegos y, muy ocasionalmente, combates de gladiadores.