Portada

Ojos verdaderos

Otros textos

Todos sabemos que la falta de uso atrofia los órganos; en cambio se mejoran con un uso adecuado. Si tomamos el caso de los insectos, sus ojos, son más perfectos mientras más los usan.

Las  hormigas, que llevan una vida subterránea, ven poco porque usan poco sus ojos; pero si observamos a los insectos que vuelan de día, como las moscas y las libélulas, necesitan una visión muy completa y, por eso, poseen ojos muy grandes, a tanto que ocupan la mayor parte de sus cabezas.

Además, a diferencia de los animales, los insectos - aparte de los ojos que llamamos normales - llevan tres ojos más pequeños, muy cerca de los grandes; uno en el centro y dos a cada lado. Las moscas o las abejas ven con los ojos frontales hasta 1 metro de distancia, las libélulas y las langostas hasta 2 metros y las mariposas hasta 10 metros.

Los ojos grandes se llaman ojos compuestos porque están formados con varios ojos simples, como si fueran las distintas facetas de un diamante. El  ojo de una abeja tiene unas 4.000 facetas, cada una correspondiendo a la lente de un ojo simple, envuelto en una cápsula de pigmento negro, por lo que no recibe luz por los costados; bajo la lente está el cristalino y debajo de él 8 células visuales, como una rueda. De cada célula sale un nervio propio hacia el cerebro, de modo que la abeja reconoce el mundo exterior con 8.000 facetas y 64.000 células visuales.

Son ojos diferentes. Todavía más. Los ojos de los hombres blancos, son incapaces de ver como lo hacen los ojos de los rastreadores negros o indios, que pueden distinguir pequeños detalles causados por el paso de lo que persiguen y lo localizan, ante el asombro de un blanco, que tiene ojos iguales que ellos, pero que no sabe utilizarlos de ése modo.