Portada

Órganos de los sentidos   

Otros textos


La fase más importante de la evolución de los animales superiores fue el desarrollo de conjuntos de células capaces de actuar como órganos de los sentidos, de modo que el animal pudiera obtener ciertos datos sobre su ambiente; órganos de locomoción (ulteriormente músculos) que le permitían trasladarse y así servirse de las señales proporcionadas por los órganos de los sentidos y, finalmente, nervios que transmitían los mensajes captados por los órganos de los sentidos a los músculos.


Estas vastas cantidades de información se ponen en correlación para poderlas utilizar en el cerebro, que es una gran masa de células nerviosas, reciprocidad en la cual el órgano sensorial se supone que está conectado directamente a un músculo por un nervio. Los tres forman parte de una unidad funcional, y salvo excepciones ninguno funcionaría sin los otros, incluso las células más primitivas poseen alguna
clase de sensibilidad con respecto a su medio ambiente.


La sensibilidad al calor y, probablemente, también a la luz, son asimismo caracteres primitivos. Los seres vivos han desarrollado en el curso de la evolución células con sensibilidades extraordinarias de diversos tipos de estímulos, y a partir de tales células se han formado órganos de los sentidos altamente eficientes. En un mundo tan competitivo, incluso la más ligera ventaja para encontrar alimentos o para evitar a los enemigos tienen valor, desde el punto de vista de la supervivencia, lo cual ha conducido a perfeccionamientos constantes y finalmente a una eficiencia que en algunos casos se acerca al máximo físicamente posible.


Además de la sensibilidad general al medio químico que les rodea, muchos animales han desarrollado un órgano del olfato altamente sensible y selectivo. El órgano del olfato humano consta de unas 600.000 células especiales situadas en la parte alta de las fosas nasales. Se ha calculado que la nariz humana puede percibir algo más de 1.000.000 de moléculas de almizcle, sustancia olorosa que se obtenía , generalmente, de las glándulas odoríferas del almizclero macho.
La nariz del perro todavía es más sensible, ya que es capaz de percibir el olor de un ser humano en una senda, un día después de su paso. Se ha podido demostrar que el perro puede detectar una molécula de ácido graso por cada 4000 células olfatorias de la nariz. Quiere esto decir que una sola molécula que llegue a cada pequeño grupo de células es capaz de producir una sensación. Como es sabido, actualmente, los perros son de gran utilidad en la búsqueda de drogas que los traficantes ocultan en sofisticados artilugios, incluso, en el cuerpo humano.


Los insectos son, asimismo, muy sensibles a ciertas substancias. Las mariposas del gusano de seda hembras atraen a los machos liberando una sustancia química que puede ser percibida por éstos a una distancia de varios kilómetros. Los machos pueden ser engañados ya que responden también a las glándulas extirpadas de la hembra o por un trozo de papel secante que haya tocado esa sustancia. En 1959, Adolph Butenandt aisló esta sustancia y averiguó que se trataba de un alcohol con dieciséis átomos de carbono. Una sustancia similar con dieciocho átomos de carbono fue aislada de la mariposa gitana europea por químicos norteamericanos. Descubrieron que el macho, que porta en sus antenas el órgano olfatorio, podía percibir 200.000 moléculas.