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¿Qué fue primero?

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El mundo occidental supo de la existencia de América, por primera vez, cuando Cristóbal Colón descubrió el continente en 1492, aunque él intentaba llegar a las Indias. Los siguientes exploradores de Centroamérica lograron lo que todo arqueólogo sueña con realizar, es decir, retroceder en el tiempo y adentrarse en una edad de los metales temprana, comparable, en muchos aspectos, con la de Egipto en la época predinástica reciente o de las primeras dinastías o con los tiempos más antiguos del Sumer.


Desde entonces, los historiadores y los arqueólogos han querido explicarse cómo surgió esa civilización y qué relación pudo tener con las del Viejo Mundo. Los españoles se enfrentaron, en el Nuevo Mundo, con los aztecas de México, que les hicieron frente con sus armas de obsidiana sujetas a maderas con muescas; con los mayas de Yucatán, Guatemala y Honduras, constructores de complicados templos y pirámides y que carecían de metales, a no ser unos pocos adornos de oro y de cobre, y con los incas de Perú, que poseían una complicada red de calzadas, similares a las romanas, puentes de cuerda suspendidos, y animales domesticados, como la llama, la alpaca y el cerdo de Guinea.


Estas tres civilizaciones nativas de América -los aztecas, los mayas y los incas- se basaban en la agricultura. Además, debe saberse que tanto los aztecas como los mayas, así como otros grupos indígenas de México, sabían escribir, pues poseían una escritura pictográfica, que ejecutaban en libros de gamuza.
¿Cómo había surgido todo esto? Cristóbal Colón no fue, naturalmente, el primer europeo que visitó América. En el año 1001, Leif Erikson llegaba a Groenlandia y Labrador. Desde luego, con tal dato no se sugiere que el sueco introdujese en América los elementos de la civilización superior, si bien ha existido la tendencia a creer que alguien lo hizo, porque hay historiadores no pueden aceptar que algo se invente o se descubra en más de una ocasión. Sin embargo, otras tendencias difunden que fueron los fenicios o las tribus perdidas de Israel; los galeses, como Madoc, o los irlandeses, como San Branden; para otros, los negros de África, los japoneses, los polinesios o gente de los continentes desaparecidos como la Atlántida o Mu y hasta los propios egipcios antiguos.


Pero al estudiar los orígenes culturales de América, sin duda, su prehistoria es de vital importancia para el prehistoriador que trabaja en Europa, el Próximo Oriente o la India. Ahora se puede dar unas respuestas objetivas a la cronología prehistórica de América; respuestas científicas, basadas, en primer lugar, en investigaciones dendrocronológicas y, además, en los análisis del C-14. La datación del C-14 ejecutada en la cueva de los Murciélagos, de Nuevo México, muestra que los indios de América cultivaban maíz ya en el año 4000 a. C. Un análisis comparativo posterior y un estudio más avanzado demuestran que casi todos los elementos cul-turales del Nuevo Mundo pueden explicarse como un desarrollo puramente local. Todavía hay algunos enigmas -entre los cuales se encuentran la calabaza, el algodón, la batata y el maíz-, pero el cuadro general, tal y como se muestra en este momento, es que en el año 15.000 a.C., el hombre llegó al Nuevo Mundo, probable-mente a través de un estrecho de Bering seco, y que hacia el año 5000 a.C., toda América, excepción hecha de la región de los esquimales, se encontraba poblada.


La agricultura había comenzado ya en el año 4000 a.C., y, en su momento, esas tempranas comunidades agrícolas se convirtieron en las civilizaciones urbanas de América central; y, por ahora, parece como si este desarrollo se hubiese dado sin que mediasen otros contactos, de un tipo serio, procedentes del exterior. Fue, en realidad, una historia de evolución cultural independiente.


Y si esto fue así en América, ¿por qué no pudo suceder lo mismo en todos los demás puntos del Viejo Mundo? El cultivo del arroz probablemente se desarrolló independientemente en el sur de China, mientras el trigo y la cebada se cultivaban en el Próximo Oriente y el maíz en América.
En realidad, los historiadores han estado creándose dificultades e inventando problemas de difusión, frente a la evolución local, gracias a una conceptualización de ciertas ideas. Agricultura y civilización son dos de esas ideas; hablamos acerca de los orígenes de la agricultura, y discutimos si se originó en el Próximo Oriente, pasando luego a China, India y América.
¿Qué fue primero?