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LA REFORMA   

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Es posible que para describir el ambiente que provocó el movimiento religioso que se conoce como La Reforma, no exista un texto más decidor que el que escribió, en latín, Desiderio Erasmo, en 1511, en solo siete días, durante los cuales fue huésped de Thomas Moro, autor del célebre libro "Utopía". Erasmo tituló al suyo, no menos elogiado que Utopía, Elogio a la locura.
En un párrafo de su Elogio a la Locura, Erasmo, escribió:
"Mirad a vuestro alrededor: los Papas, los reyes, los jueces, los magistrados, los amigos, los enemigos, los grandes y los pequeños, todos tienen un solo móvil: la sed de oro". El Papa León X leyó el texto completo y lo celebró con carcajadas, pese a que estaba lleno de tan tajantes ataques a todo lo establecido y de las agudas ironías sobre modo de vivir de la sociedad de ese tiempo.
En el siglo XVI una parte muy importante de Europa, se había sustraído a la autoridad del Papa, porque los reformistas querían rescatar el ideal evangélico, que había sido traicionado por la Iglesia de Roma, que no renunciaba a su grandeza temporal ni corregía el sistema de nombramientos para las altas funciones eclesiásticas. Y todo ello, pese a que tales manifestaciones se iniciaron al comienzo del siglo XV.
Martín Lutero, monje agustino, que sufría una larga crisis religiosa al no admitir la idea de un Dios vengativo, encontró el remedio en la lectura de la Epístola a los romanos, de San Pablo; el texto que, al fundamentar la salvación en la fe, iba a ofrecer a las iglesias protestantes una teología, una moral y una mística. Lutero se sumergió en la lectura de la Biblia y enseñó su doctrina en la Universidad de Witenberg, época en la que los dominicos predicaban la indulgencia concedida por León X para la reconstrucción de San Pedro, es decir, la remisión de los pecados o la reducción de las penas para las almas del purgatorio a cambio de la entrega de sumas de dinero.
Entonces, el 31 de octubre de 1517, Lutero fijó públicamente sus 95 tesis contra el principio y la práctica de la indulgencia. A comienzos de 1520, Lutero expuso sus doctrina del principio del sacerdocio universal, la reducción del número de sacramentos a tres y, junto a la libertad cristiana del hombre interior, la necesidad de una ortodoxia, de una Iglesia y de una disciplina política.
Otros movimientos religiosos se originaron en la época, Zuinglio, seguidor de Lutero, en Suiza, el calvinismo, en Francia, que definió el papel de la gracia y la predestinación, rechazó la noción del sacramento y afirmó la necesidad de una Iglesia celadora del dogma y de una autoridad civil. En Inglaterra, surgió al anglicanismo, una doctrina hostil al luteranismo, emprendida por Enrique VIII al no obtener dispensa papal para su matrimonio con Catalina de Aragón. Entonces, bajo la batuta de Cronwell, consejero del rey, el 11 de febrero de 1533, hizo votar en el Parlamento la subordinación de la Iglesia a la Corona. Y más tarde, el Papa otra vez negó licencia al divorcio con Catalina y a su nuevo matrimonio con Ana Bolena. En 1534, el rey confirmó el cisma anglicano.
Este es un sucinto enfoque de los movimientos religiosos provocados por los comportamientos de la Iglesia de Roma, que originó la Reforma.