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La sangre

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Luego de múltiples experiencias realizadas con plantas e insectos, ahora se sabe que las leyes genéticas son iguales para todos los seres vivos. La evidencia más clara es la herencia de los tipos de sangre.

Desde antiguo se hacían transfusiones de sangre, pero, a menudo, eran mal toleradas por los pacientes. El austriaco Landsteiner -1868+1943-, premio Nobel de Medicina en 1930 - comprobó que la sangre humana era de distintos tipos, algunos compatibles y otros incompatibles, entre sí. Y las clasificó en estos tipos: A, B, AB y O. Si la transfusión se hacía entre pacientes de igual tipo, no había peligro alguno. Landsteiner estableció que el grupo 0 era universal. La A y la B podía ser transfundida a un paciente con sangre AB; sin embargo, se produciría una aglutinación de glóbulos rojos, si la sangre AB se transfundía a un individuo con A o B, al mezclarse la A y la B, o cuando un tipo 0 recibiera una sangre distinta a su tipo. Luego, se han establecido otros tipos de sangre.

Parece que existen tres alelos genéticos, responsables, respectivamente, de la sangre A, B y 0. Si uno tiene 0 y el otro A, serán A todos los descendientes, porque el alelo A es el dominante respecto al 0, lo mismo que el alelo B. No obstante, los alelos A y B no son dominantes entre sí, y la descendencia tendrá sangre del tipo AB