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Sin darnos cuenta

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Por las mañanas, al mirarnos al espejo, lo hacemos con buena voluntad y nos juzgamos con benevolencia. Es raro que nos demos cuenta de los cambios que se producen en nuestro cuerpo. Por ejemplo, nos sentimos muy satisfechos de lavar cuidadosamente nuestras manos y no dudamos que están totalmente limpias, porque ignoramos que nuestra piel, pese a todo, siempre tiene una gran cantidad de bacterias, que ningún lavado, por muy cuidadoso que sea, puede eliminarlas totalmente.

Nuestra piel, tampoco es la misma, pasadas cuatro u ocho semanas, porque la mudamos completamente en ese plazo, como no imaginamos que gran parte del polvo que se acumula en casa proviene de nuestra piel que cae en forma de escamas. Esta piel que nos envuelve, no tiene el mismo grosor en todo el cuerpo; la más fina en el hombre cubre los testículos y la piel de la planta de los pies puede tener 1 centímetro de grosor.


La melanina o melanocitos, son las células que pigmentan la piel y son las que diferencian el color de piel de los blancos de los negros, de los amarillos o de los rojos. Curiosamente, la zona del cuerpo con mayor cantidad de melanocitos es el pene, que posee 2.380 por centímetro cuadrado. También, se ha establecido que una de cada setenta personas es portadora del gen del albinismo, pero solo una de veinte mil padece de este trastorno genético. Y, finalmente, quienes sufren de acrocinosis tienen las manos, los pies y los dedos azulados, debido al espasmo de los capilares, aunque no se conocen las causas de esta anomalía.