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Constantin Stanislavsky [1863-1938]

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"... el teatro está creado, en primer lugar, para el actor, sin el cual no puede existir..."


La más profunda revolución en los medios de expresión teatrales y la más perdurable escuela de interpretación, vigente hoy en la mayoría de los países, se debieron a este eminente actor ruso, fundador de la más notable compañía del mundo moderno: el Teatro de Arte de Moscú. De aquí salieron los más ilustres actores de Rusia, así como de los estudios y otras escuelas surgidas de su seno, lanzándose a los más atrevidos realizadores de nuestra era, quienes convirtieron a Moscú en el mayor campo de experimentación teatral de toda Europa. Los dos libros escritos por Stanislavsky, Mi vida en el arte y La formación de un actor, constituyen los textos más importantes de estudio en todas las escuelas teatrales de los dos continentes. Mientras los experimentos de los directores más avanzados de Rusia, Inglaterra, Alemania e Italia han ido siendo olvidados paulatinamente, los principios de Stanislavsky se han instalado de modo casi definitivo en la conciencia de los mejo-res actores y realizadores de nuestros días. De ahí que la personalidad y la aportación al arte teatral de Stanislavsky sean decisivas en el siglo XX.
C.S.Alexeiev, que había de hacerse famoso con el nombre de Constantin Stanislavsky, nació en Moscú el año de 1863. Sus padres fueron Sergei Vladimirovich Alexeiev, rico industrial, y Elisabeta Vasilievna, hija de la actriz francesa Vareley, que había llegado a San Petersburgo con una de las compañías que visitaban con tanta frecuencia las dos grandes ciudades rusas. La inclinación artística de Stanislavsky tenía, pues, un origen claro, y empezó a manifestarse, según él mismo declara, desde los cinco años, en que hizo su primera aparición en escena.
El joven Stanislavsky estudió canto, con el propósito de pertenecer al arte operístico, pero su fracaso en este género y la falta de interés en la opereta, lo llevaron, en unión de algunos amigos, a fundar La Sociedad de Arte y Literatura, cuyo propósito era reunir jóvenes y aficionarlos al teatro. A los pocos años, visitó Moscú la Compañía teatral de los Meiningers, innovadores en el campo de la interpretación, haciéndolo más sobrio, menos teatral y que la actuación del conjunto prevaleciera sobre el divismo. Constantin puso en práctica estas enseñanzas y tuvo un éxito resonante con Uriel Acosta, un drama de Gutzkov.
En 1897 se produjo un hecho histórico: su encuentro con Danchenko, autor y formador de jóvenes actores. Ahí nació la idea del Teatro de Arte de Moscú, que debía regirse por los nuevos métodos; Nemorovich-Danchenko, encargado de la parte literaria y administrativa, mientras Stanislavsky se ocupaba de los actores y de la puesta en escena.
He aquí algunos de los principios que el Teatro de Arte de Moscú puso en su constitución: "No hay papeles peque-ños, sólo hay artistas pequeños... Toda violación de la vida creadora del teatro es un crimen, tales como el retraso, la pereza, los caprichos, la histeria, el mal genio, la indisciplina, el no saberse un papel, etc..."
Se declaraba la guerra a todo lo convencional: la "teatralidad", el falso pathos, la rutina, el histrionismo, el sistema del "primer actor" en perjuicio del conjunto, y sobre todo, iba a prescindirse del repertorio enton-ces de moda, para representar solamente obras de auténtica calidad. Por supuesto, se modernizaba todo el sistema de esce-nografía e iluminación, suprimiendo por completo al apuntador y la horrible costumbre de salir a saludar al hacer un mutis. El telón que ascendía fue sustituido por la cortina que se abre de derecha a izquierda.
Para poner en ejecución tan revolucionarios métodos, Stanislasvsky y Nemirovich-Danchenko sólo pudieron disponer de un viejo y destartalado teatro llamado el Ermitage, en la calle de Karetny Riad, que hubieron de remozar y acoplar a sus necesidades. Después de más de un año de preparativos y en-sayos, el Teatro de Arte de Moscú hizo su debut el 14 de oc-tubre de 1898 con la obra de Alexis Tolstói -quien nada tiene que ver con el gran. novelista- El zar Fiador, cuyo papel principal fue interpretado por el que habría de ser eminente artista Movskin. La impresión y el éxito artístico del Teatro de Arte de Moscú, desde su primera aparición, fueron extraordinarios y definitivos.
La etapa inicial de la compañía siguió con las obras El mercader de Venecia, La muerte de Iván el Terrible, de A.Tolstói, Antígona, El poder de las tinieblas, de León Tolstói, y Julio César, de Shakespeare, mientras en el aspecto poético-ilusorio, fueron maravillosamente montadas Bola de nieve, en la ver-sión de Ostrovski, y El pájaro azul, de Maeterlinck, estrenado mundialmente por el Teatro de Arte y que constituyó uno de sus más grandes y duraderos éxitos.
He aquí, sin embargo, el resumen de aquel período en la opinión del propio Stanislavsky: "La justicia exige que digamos que entre todos nuestros errores de entonces se hallaba latente una esencia creadora sumamente importante, que es la base de todo arte: la tendencia hacia la auténtica verdad artística. Esta verdad artística era entonces sólo exterior entre nosotros; era la verdad de las cosas, de los objetos, de la ropa, de los sonidos, de la imagen externa del intérprete. Así conseguimos que subiera al escenario la verdad auténtica aunque solo fuese exterior, mientras en los demás escenarios imperaba la mentira y la falsedad teatral, lo que nos abría ciertas y amplias perspectivas para el porvenir."
Stanilavsky puso en escena obras de Ibsen y las de Chejov, cuyo estilo de dramas se identificaba a fondo con la línea de interpretación, de intuición y sentimiento, es decir, que los actores vivieran sus papeles. Dijo Stanislavsky: "Mejor que ningún otro, las piezas de Chejov rebasan de acción y movimiento, pero no lo exterior, sino en su desenvolvimiento interno; él demostró que la acción escénica debía concretarse en el sentimiento interior; él nos llevó a profundizar en la vida de las cosas, de los sonidos, de la luz, todo lo cual, lo mismo en el teatro que en la vida real, ejerce una influencia enorme en el alma humana"
Stanislavsky creó una nueva manera de hacer teatro y su compañía triunfó en sus giras por Francia, Alemania, Estados Unidos, dejando en sus capitales escuelas de teatro que crearon nuevos intérpretes siguiendo las enseñanza que pueden resumirse así: el único soberano de la escena es el actor de talento, que debe llegar a la plenitud de sentir espiritualmente el personaje hasta transformarse en él, y debe apoyarse en las reglas técnicas - y esto aún para el actor mejor dotado -, para no caer en la vulgaridad o el infantilismo histriónico, actuando en armonía con el conjunto en el escenario- Realismo o imaginación, todo es bueno si el papel se vive como una auténtica "verdad artística"
Constantin Stanislavsky murió en 1938 y sus funerales fueron un acontecimiento de masas, porque el pueblo ruso quiso rendir un grandioso homenaje al innovador del arte teatral.