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   EL TELÉFONO          

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            El hombre de nuestros días tiene mayores dependencias que los del siglo pasado; por ejemplo, muy pocas personas pueden prescindir del uso del teléfono. Y aunque nos parezca poco creíble, lo cierto es que este invento se debe, en buena parte, a una tierna historia de amor. El británico Alexander Graham Bell (1847+1929) fue su protagonista. Bell apellido del inventor del teléfono, es un sustantivo inglés y resulta curioso comprobar que una de sus acepciones corresponda a campanilla, parte imprescindible del adminículo de su invención.

            Bell fue un niño muy especial, a los 12 años de edad había acumulado y asimilado tal cantidad de conocimientos sobre química, física y matemáticas, que llegó a preocupar seriamente a sus padres. También, desde joven, viajó por el mundo conociendo París, Shangai, Los Angeles, Washington y Nueva York. Trabó amistad con Mabel Hubbart y se enamoró de ella, aunque era totalmente sorda, secuela de una escarlatina juvenil, infección que la privó de percibir ningún sonido. Bell inventó un sistema para comunicarse con ella, por señas.

            Entonces, estudió a fondo la acústica y la fisiología del oído, lo que unido a sus completos conocimientos de electricidad, le hicieron concebir la idea de fabricar una membrana para que Mabel pudiera oír. La membrana fracasó para el propósito que él se había propuesto; sin embargo, le permitió comprobar que podía hacer correr las vibraciones del sonido de su voz a través de un hilo eléctrico para que otra membrana vibrara, reproduciendo ése sonido.

            El 7 de marzo de 1876, registró su invento. Cuentan sus biógrafos que en un hotel de Boston, se dedicó a hacer unas instalaciones para demostrar su hallazgo, que nadie podía considerar posible. Tendió unos hilos desde su habita-ción, en la cuarta planta del hotel en que se hospedaba, hasta el salón de la planta baja, diciéndole a un incrédulo recepcionista:

- Voy a subir a mi habitación y cuando Ud. escuche el timbre, póngase este aparato en el oído para que oiga lo que quiero decirle.

- Muy bien, señor Bell, pero luego de tocar el timbre y antes de hablarme, asómese a la ventana de su habitación para verle - le pidió el hombre, incrédulo. En su momento, el recepcionista escuchó el timbre, cogió la membrana, vio que Bell estaba asomado a la ventana y le oyó decir:

- Por favor, súbame Ud. un vaso de agua.

                Era el primer teléfono que funcionó en el mundo. Pero faltaba comprobar hasta qué distancia era posible hacer correr la voz por el hilo. Se formó una empresa. No obstante los capitalistas dijeron a Bell que su invento sería útil si podía cubrirse con él, al menos, un radio de 650 kilómetros. Seis años después de su invención, el 22 de marzo, Bell, demostró a los capitalista que su voz se ecuchara en Chicago. ¡Había cubierto más de 1.200 kilómetros! Más tarde, mejoró su invento, creando el teléfono inalámbrico. También fue autor de otros artilugios. En efecto, antes de la aparición de los Rayos X fabricó un aparato capaz de localizar metales en el cuerpo humano; descubrió los fundamentos del aire acondicionado e inventó muchos artilugios de aplicación médica. Trabajó, con S. Langley, para construir el primer avión que voló sin piloto. 

                Bell, se consideraba el hombre más rico de la tierra porque tenía dos hijas, nueve nietos y diecinueve biznietos.  Alexander Graham Bell, murió el 2 de agosto de 1922.